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Criterios musicales 1972

CRITERIOS PARA LA FORMACIÓN DE UNA FILOSOFÍA ADVENTISTA SOBRE LA MÚSICA

Aprobados por el Concilio Anual de Otoño de la Asociación General, Ciudad México, 1972.

 

La Iglesia Adventista del Séptimo Día surgió en cumplimiento de la profecía y con el propósito de ser un instrumento de Dios para la proclamación mundial de las buenas nuevas de salvación por la fe en el sacrificio expiador del Hijo de Dios y por el regreso de Nuestro Señor. Las vidas de quienes aceptan esta responsabilidad deben ser tan distintivas como lo es su mensaje, Esto exige que cada miembro este totalmente consagrado a los ideales y objetivos de la Iglesia. Tal dedicación afectara a todos los departamentos de la iglesia y ciertamente influirá en la música usada por la iglesia para cumplir la misión que Dios le ha señalado.
La música es uno de los mayores dones que Dios le ha dado al hombre y uno de los elementas más importantes de un programa espiritual. Es una de las avenidas de comunicación con Dios. “Es uno de los medios mas eficaces para grabar en el corazón la verdad espiritual” (La Educación, Pág. 163).
Tratándose de asuntos de importancia eterna, es esencial que se tenga en claro el concepto del tremendo poder de la música. Tiene poder para elevar o degradar; puede ser usada al servicio del bien o del mal. “Tiene poder para subyugar naturalezas rudas e incultas; para avivar el pensamiento y despertar simpatía; para promover la armonía de acción y desvanecer la melancolía y los presentimientos que destruyen el valor y debilitan el esfuerzo” (Ibid., Pág. 136).

Por lo tanto, aquellos que seleccionan la música para cumplir con los propósitos singulares de esta Iglesia, deben ejercer el mayor discernimiento en su selección y uso. Para alcanzar estos ideales, necesitarán de sabiduría más que humana. La revelación nos proporciona como guía los siguientes principios generales.

La música debiera:

1. Glorificar a Dios y ayudarnos a adorarle en forma aceptable. (1 Cor.10:31).

2. Ennoblecer, elevar y purificar los pensamientos del cris­tiano.  (Fil. 4:8; PP, Pág. 645).

3. Influir de manera efectiva sobre el cristiano para lograr el desarrollo del carácter de Cristo en su propia vida y en la de otros (MS 57, 1906).

4. Poseer una letra que esté en armonía con las enseñanzas bíblicas de la Iglesia (R&H, 6 de Junio de 1912).

5.  Revelar compatibilidad entre el mensaje expresado por las
palabras y la música, evitándose una mezcla de lo sagrado
y lo profano.

6.  Evitar los efectos teatrales y la ostentación vanidosa
(Evangelismo, Pág. 137, R&H, 30 de Noviembre de 1900).

7.  Dar preeminencia al mensaje del texto, el cual no debería verse disminuido por los elementos musicales (OE, Págs. 370 y 371). 

8.  Mantener un equilibrio juicioso entre los elementos emocionales, y espirituales (R&H, 14 de Noviembre de 1899).

9.  Nunca comprometer los elevados principios de la dignidad y la excelencia por querer alcanzar a la gente, en el nivel donde se encuentra (Testimonies, tomo 9, Pág. 143; Evangelismo, 437).

10. Ser apropiada para cada ocasión, cada lugar y cada público (Evangelismo, Págs. 333, 334).

En la música de los diversos grupos culturales y étnicos se encuentran elementos de validez religiosa que pueden elevar espiritualmente; sin embargo, el gusto musical y las prácticas de todos debe­rían conformarse al valor universal de un carácter semejante al de Cristo, y todos debieran luchar por alcanzar la unidad de espíritu y propósito que tiene el evangelio, y no una mera conformidad.

Deben evitarse cuidadosamente todos aquellos elementos mundanos en la música que no expresen los elevados ideales de la fe cristiana.
Los principios enunciados servirán como criterios efectivos para la selección e interpretación de la música usada para cumplir las diversas finalidades de la Iglesia. Ciertas formas musicales, tales como el jazz, el rock y sus formas afines, son consideradas por la Iglesia como incompatibles con estos principios. Las personas res­ponsables de las variadas actividades musicales de la Iglesia, ya sea como directores o ejecutantes, no encontrarán problema alguno en la aplicación de estos principios en ciertas áreas.  Otras áreas son mucho más complejas, por lo cual se hace la siguiente presenta­ción detallada de los factores involucrados.

I.  MÚSICA SACRA

La Música en el Servicio de Culto

La adoración debería ser la actividad primaria y eterna del hombre. El propósito más elevado del hombre es glorificar a Dios. Cuando el adorador se acerca a la casa de Dios para ofrecer un sacrificio de alabanza, debe ofrecerlo con la mejor música posible. Es esencial hacer una planificación cuidadosa de cada elemento musical del culto a fin de que los miembros de la congregación no sean meros espectadores sino participantes.

Los himnos usados en el servicio de culto deberían ser mayor­mente alabanzas dirigidas a Dios.  Se debieran usar los grandes himnos de la tradición cristiana. Los himnos deben tener melodías fuertes, aptas para el canto y una letra digna. El pastor debería preocuparse de aumentar la calidad y el fervor del canto congregacional.  “Rara vez debieran cantar solo unos pocos” (Counsels on Health, Págs. 481, 482).  La experiencia cristiana será grandemente enriquecida por el aprendizaje y el uso de nuevos himnos.
Donde sea posible, un coro formado por músicos consagrados y bien preparados podrá ayudar a crear un mejor clima de adoración, cantando himnos y corales de hondo significado espiritual y de alta calidad musical.
La música instrumental, ya sea de piano o de órgano, debiera armonizar con los elevados ideales del culto. Los números que se interpreten deberán elegirse de entre los mejores materiales, siempre teniendo en cuenta la capacidad del ejecutante.  La persona que acompaña musicalmente al canto congregacional tiene la pesada res­ponsabilidad de mantener una elevada norma en sus interpretaciones, tanto cuando acompaña, como cuando toca los preludios, interludios y postludios. Su posición la capacita de manera especial para elevar las normas musicales del culto dentro de su iglesia. Si en el transcurso del culto se usaran solos vocales u otros números musicales, se debiera dar preferencia a cantos cuya letra tenga base bíblica. Estos solos deberán estar dentro del alcance de las habilidades del intérprete y se presentarán al Señor sin despliegue de recursos técnicos. La comunicación del mensaje debiera ser lo primordial.

La Música en el Evangelismo

La música usada en el evangelismo puede incluir cantos espiri­tuales que no sean solamente himnos a Dios. Pueden usarse cantos que hablen del amor de Dios, de lo que él hace por sus hijos o que testifiquen de nuestra aceptación de Jesús, de nuestro amor por él y de nuestra decisión de servirle. No se debe transigir con los elevados principios de dignidad y excelencia que caracterizan a nuestro mensaje a fin de preparar a un pueblo santo para la segunda venida de Cristo.

La música escogida para el evangelismo debería:

  1. Dirigir al oyente a Jesús quien es el camino, la verdad y la vida.
  2. Preparar el camino para la presentación del mensaje de la palabra de Dios, o ahondar su exhortación, suscitando una respuesta de parte de los oyentes.
  3. Ser interpretada por personas cuyas vidas están en armonía con el mensaje que presentan.
  4. Ser el vehículo de la honda impresión de las verdades bíblicas que inspirarán a realizar cambios positivos en la vida.
  5. Ser presentada en forma ordenada y cuidadosamente planeada.
  6. Ser sencilla y melódica, presentada sin destacar innecesariamente al intérprete.
  7. Dar preferencia a la predicación de la Palabra tanto en énfasis como en la cantidad de tiempo que se le dedica.
  8. Interesar en forma equilibrada al intelecto y las emociones no solamente en cantar a los sentidos.
  9. Ser significativa y comprensible, tanto en contenido como en estilo, para la mayor parte posible del auditorio.

La Música en el Evangelismo de los Jóvenes

En lo que atañe al trabajo entre losjóvenes, se aplica la mayor parte de las sugerencias ya presentadas.  Sin embargo, es preciso considerar algunos aspectos particulares de esta área de trabajo.
Los jóvenes tienden a identificarse estrechamente con la música de la cultura joven contemporánea.  El deseo de alcanzar a estos jóvenes con el evangelio de Cristo a veces lleva al uso de ciertos estilos musicales no del todo deseables.  En todos estos estilos, el elemento más problemático es el ritmo.
De todos los elementos musicales, es el ritmo el que produce la respuesta física más fuerte.  Algunos de los mayores éxitos de Satanás han sido logrados a través de los estímulos hechos a la naturaleza física.  Demostrando una clara percepción de los peligros de este modo de llegar a los jóvenes, la Sra. E. G. de White declaró: “Tienen un buen oído musical y Satanás sabe cuáles órganos excitar a fin de animar, absorber y cautivar la mente para que no deseen a Cristo, Faltan los intensos deseos espirituales del alma por tener conocimiento divino y crecer en la gracia”  (Testimonies, tomo 1, Pág. 497).  Esta es una fuerte denuncia de la manera en la cual puede ser usada la música en directa oposición al plan de Dios. El jazz, el rock y las formas musicales afines son muy conocidos por la respuesta sensual que crean en las masas.

Por otra parte, hay muchas músicas tradicionales y folklóricas que pueden considerarse como legítimos estilos musicales. Algunas de estas formas constituyen vehículos aceptables del testimonio cristiano.  Otras podrán ser aceptadas en un ambiente cristiano secular, pero no serían apropiadas para llevar el nombre del Salvador.  Aún otras de estas músicas tradicionales podrán estar totalmente al margen de la experiencia del cristiano.  Resulta claro, entonces, que cualquier forma de música tradicional o “folklórica” debe juzgarse por los mismos principios generales que rigen los otros tipos de música.
“El ideal que Dios tiene para sus hijos está por encima del alcance del más elevado pensamiento humano” (La Educación, Pág. 16). Aquellos que se esfuerzan por lograr este elevado ideal y que diri­gen el evangelismo juvenil encontrarán que al hacer un estudio cui­dadoso de la música a usarse, recibirán en respuesta a sus oraciones la iluminación del Espíritu Santo.
Además del problema del ritmo, hay otros factores que afectan las cualidades espirituales de la música:
Estilo Vocal: Debiera evitarse el estilo ronco de los cantantes de la música rock, o el estilo sugestivo y sentimental de quien canta en una boite, así como toda otra distorsión de la voz humana.
Tratamiento Armónico: Debiera evitarse el uso de músicas satu­radas de acordes de séptima, novena, undécima y decimotercera. Estos acordes, usados en forma mensurada, generan hermosura, pero cuando se los usa excesivamente crean una música sensual que distrae de la verdadera calidad espiritual del texto.
Presentación Visual: Todo aquello que llame indebidamente la atención al intérprete, como ser el movimiento corporal excesivo o la vestimenta inapropiada, no tiene cabida en el evangelismo.
Amplificación: Se debe tener mucho cuidado para evitar la am­plificación excesiva, tanto del instrumento como de la voz. Se debe ser sensible a las necesidades espirituales de aquellos que dan su testimonio musical como también a las de quienes han de recibirlo.  Se debe seleccionar con cuidado el equipo de amplificación.
Presentación: El objetivo primordial de la presentación de toda música sacra debe ser la exaltación de Cristo y no la exaltación del músico o meramente el entretenimiento de los oyentes.

La Música en el Hogar

1.   La educación musical debe comenzar cuando el niño es aún pequeño mediante:

a.  La presentación de los grandes himnos y cantos sacrosdentro del marco alegre e informal del culto familiar.
b.  La formación del hábito de oír buena música ya sea enla radio familiar o en cualquier equipo de reproducciónde sonido que haya en la casa.
c.  La asistencia de la familia a conciertos cuyas normasestén de acuerdo con las expuestas en este documento.
d.  El debido ejemplo y la influencia correcta de los
padres.

2.   Debiera estimularse a los miembros de la familia a participar juntos en los cantos y en la ejecución de instrumentos musicales.
3.   Debiera estimularse a experimentar con la composición de poesías y música.

La Música en el Colegio

1.  En la preparación y la presentación de música en las funciones religiosas, los administradores y profesores debieran trabajar con los estudiantes a fin de mantener en alto las cormas musicales de la Iglesia.
2.  Aquellos grupos musicales que salgan de los colegios para dar testimonio de su fe debieran ser patrocinados y aconsejados por personas que la administración designe para ellos, ya sean profesores de música o de alguna otra asignatura.
3.  Los directores de las estaciones radiales de los colegios adventistas y los responsables de la selección de música transmitida por los sistemas de amplificación de nuestras instituciones deberán escoger aquellas músicas que estén de acuerdo con la filosofía de la música tal cual se la expresa en este documento.
4.   Los profesores de música, tanto en conjuntos musicales, como en las clases particulares, debieran esforzarse por enseñar literatura musical adecuada para el uso en las diversas actividades y reuniones de la Iglesia.
5.  En vista de que uno de los principales objetivos de las clases de apreciación musical es enseñar discriminación a la luz de la revelación divina, se insta a los profesores de esta materia, en todos los niveles, a incluir en sus clases la enseñanza de criterios que ayudarán a juzgar el valor de los diferentes tipos de música religiosa.
6.  Las iglesias y la asociación debieran unirse al colegio para trabajar por la elevación del nivel musical en las iglesias.  El personal adiestrado de los colegios debería cooperar en la presentación de actividades y cursillos musicales a fin de promover los altos ideales de la música sacra.
7. Las presentaciones musicales realizadas en los colegios adventistas deberán estar de acuerdo con las normas de la Iglesia.  Esto se aplica a los intérpretes locales, los artistas visitantes, los conjuntos y la música en las películas presentadas.

II. MÚSICA SECULAR

La música, “debidamente empleada,… es un precioso don de Dios, destinado a elevar los pensamientos a temas más nobles, a inspirar y elevar el alma” (La Educación, Pág. 163).
El estilo de vida de los adventistas del séptimo día exige que cada cristiano practique un alto grado de discernimiento y de responsabilidad individual en la selección de música secular para su uso personal o para la presentación pública.  Tal música debe evaluarse a la luz de la instrucción de Filipenses 4:8:  “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”.

También tendrá en cuenta la admonición dada por Elena G. de White en Testimonies for the Church tomo I, Pág. 497 “Se me mostró que los jóvenes deben adoptar una posición más elevada y hacer de la Palabra de Dios su consejera y guía. Sobre los jóvenes reposan solemnes responsabilidades que ellos tienen en poca estima.  La introducción de música en sus hogares, en lugar de incitar a la santidad y a la espiritualidad, ha sido el medio de distraer sus mentes de la verdad.  Las canciones frívolas y las músicas populares del día parecen resultarles muy de su agrado.  Los instrumentos musicales les han quitado el tiempo que debieran haber dedicado a la oración. Cuando no se abuse de ella, la música es una gran bendición pero cuando se la emplea mal, es una terrible maldición”.

El cristiano no cantará canciones incompatibles con sus ideas de verdad, honestidad y pureza.  Evitará todo aquello que haga que el mal aparezca como deseable o que el bien aparezca como de poca importancia. Procurará evitar las composiciones cuya letra tenga frases de poco contenido, mala poesía, palabras sin sentido, senti­mentalismo o frivolidad, todos estos elementos que pueden alejarlo del consejo y de las enseñanzas encontrados en la Biblia y en el espíritu de profecía.
Estimará que los “blues”, el “jazz”, el “rock”, la música “beat” así como otros estilos similares, no contribuyen al desarrollo del carácter cristiano pues abren la mente a pensamientos impuros y llevan a una conducta impía. Tales músicas tienen una relación muy clara con las costumbres liberales de la sociedad contemporánea.  La distorsión del ritmo, de la melodía y de la armonía, tal como se la usa en estos estilos combinada con la excesiva amplificación embota la sen­sibilidad y finalmente destruye al aprecio por lo que es bueno y santo.
Debiera tomarse especial cuidado al usar una melodía secular con letra sacra a fin de que la connotación profana de la música no menoscabe el mensaje del texto.  El cristiano juicioso aplicará a toda música que elija, ya sea para oír o para interpretar, los principios presentados en esta Filosofía de la Música.
El verdadero cristiano tiene la posibilidad de dar testimonio de su fe ante otros por la selección de música secular que realiza en ocasiones sociales. Por el estudio diligente y la selección cuidadosa, buscará esos tipos de música que sean compatibles con sus necesidades sociales y sus principios cristianos.

“Debe haber una conexión viva con Dios por medio de la oración; una conexión viva con Dios por medio de cantos de alabanza y gratitud” (E. G. de White, Carta 96, 1898; Evangelismo, Pág. 498).

Clave de Abreviaturas:
PP – Patriarcas y Profetas
MS – Manuscrito
R&H – Review and Herald
OE – Obreros Evangélicos

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